Los drones de la policía atrapan a los conductores mirando hacia arriba y luego los multan

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Las autoridades canadienses experimentaron silenciosamente con el uso de drones para atrapar a conductores distraídos, lo que generó multas y desafíos legales. En Kingston, Ontario, se descubrió que la policía usaba drones aéreos para observar a los conductores y luego emitía multas por el uso de teléfonos celulares mientras conducían. Esta práctica plantea serias dudas sobre la privacidad, la búsqueda irrazonable y si la aplicación de la ley en sí misma se convirtió en una distracción.

Cómo funcionó

La historia surgió después de que la policía detuviera a Laurie Esseltine poco después de fotografiar un dron sobrevolando su automóvil en un semáforo en rojo. Se le impuso una multa de 615 dólares canadienses, tres puntos de demérito y se arriesgó a una suspensión de la licencia de tres días por supuestamente usar su teléfono mientras conducía. Si bien Esseltine mantuvo su inocencia, el cargo fue retirado más tarde junto con al menos otra multa relacionada con drones.

Los propios drones

Los drones utilizados fueron modelos DJI Matrice 300: equipos de alta gama normalmente reservados para la reconstrucción de accidentes, la búsqueda de personas desaparecidas y el seguimiento de eventos a gran escala. Desde entonces, las autoridades han declarado que dejaron de utilizar drones para controlar el tráfico tras el incidente inicial de mayo, afirmando que no se sabe que otras agencias lo estén haciendo.

Preocupaciones legales

La Fundación Constitución Canadiense sostiene que la vigilancia con drones constituye un registro e incautación irrazonables según la ley canadiense. Están presionando para que se desestimen las 20 multas emitidas, creyendo que el gobierno está abandonando casos selectivamente para evitar el escrutinio legal. La propia Esseltine señaló la ironía: “¿Qué mejor manera de atrapar a un conductor distraído que proporcionándole la distracción?”

El panorama más amplio

Este incidente pone de relieve las crecientes preocupaciones sobre el uso policial de la tecnología de vigilancia y la delgada línea entre la aplicación de la ley y la extralimitación. La práctica fue abandonada, pero plantea interrogantes sobre cómo los gobiernos equilibran la seguridad con las libertades civiles.

El incidente subraya una tendencia más amplia: las fuerzas del orden recurren cada vez más a la tecnología para monitorear a los ciudadanos. La pregunta es si esa tecnología se está implementando de manera justa, legal y sin crear nuevos problemas en el proceso.